sábado, 10 de octubre de 2009

Museum of Drawers

Herbert Distel adopted the role of the museum curator when he invited artists from around the world to contribute miniature works for display in the tiny "galleries" of his Museum of Drawers. The drawers in this found cabinet are filled with five hundred works by a wide range of artists, some well known, like Picasso, others obscure, creating a comprehensive survey of artistic currents in the 1960s and 1970s. According to Distel, "Museums, especially museums of fine art, are places where we become conscious of time. Like a preserving jar, they have the task of conserving and presenting a subject curdled with time--the artwork. But through and behind these works the artists appear, falling out of the screen of time, as it were, and become immortal."

Herbert Distel.
Museum of Drawers. 1970-77.

Chest of drawers containing miniature works by various artists, overall (approx.) 72 x 28 9/16 x 28 9/16" (183 x 42 x 42 cm). Kunsthaus Zürich. Donation of Herbert Distel and The Foundation Julius Bÿr.
Photo: ©1999, Kunsthaus Zôrich.

Museum of Modern Art, New York
The Museum as Muse
(1999)


Museum of Drawers



































domingo, 13 de septiembre de 2009

El marco de la Modernidad frente a las Wunderkammern



"Lo que distingue a esas instituciones públicas [Museo de los Monumentos Franceses, Alexandre Lenoir, principios del siglo XIX] de las tempranas colecciones privadas, gabinetes, armarios de curiosidades, casas de tesoros y demás fue el vínculo intensificado de la estructura a la cronología -cronología considerada tanto como genealogía como progreso evolutivo. Los objetos y los artefactos fueron seleccionados por su valor documental al llevar a cabo una historia o narrativa histórica que llevaría inevitable a su culminación en el presente - un presente construido como un punto anamórfico que tenía sentido de historia, de pasado. El nuevo museo fue un microcosmos a escala estatal como un tableau de perspectiva única y también como una trayectoria o viaje de cuerpos y almas; una disciplina y un cursus.

(...)

Se ha asumido por lo general en la (ahora ingente) literatura sobre museos y su historia, que existía una mayor o menor evolución gradual de la institución con respecto a las colecciones tempranas, Kunstkammern, Wunderkammern y museos idiosincráticos y privados. Por lo general se representó como una especie de aceleración en dirección a un orden mayor y una sistematización racional en los primeros años del siglo XIX. En dicha visión, la temprana colección privada o gabinete de curiosidades era un tipo de museo idiosincrático desordenado, como un conjunto desorganizado o un tipo de museo idiosincrático más que una clase formada de modo diferente con respecto a un conjunto ordenado. Las nuevas instituciones cívicas podrían ser retratadas además como instituciones de una idiosincrasia obsolescente anterior. Virtualmente toda historia de la museología toma tal posición, explícita o encubiertamente.

Pero conforme se le ha prestado más atención en estos años es más aparente que no tratamos con un sistema y un orden a propósito (como si pudieran existir tales cosas) sino con lo que en algunos lugares es radicalmente una nueva orientación ideológica en la formación de conocimiento y en el acceso a una información que viene de la necesidad de un novedoso orden sociopolítico emergente."


Donald Preziosi, Brain of the Earth's Body: Museums and the Framing of Modernity, 1996.

martes, 8 de septiembre de 2009

The Haunted Curiosity Shop







Walter R. Booth, The Haunted Curiosity Shop (1901)

"An old proprietor is startled by the sudden appearance of a skull. Just as he draws back from the uncanny object, the doors of a mediaeval wardrobe fly back and a hand prods him with a sword. He turns to confront his assailant when it vanishes, and at the same instant the skull flies to the other end of the room. He clutches at the skull, when it turns into the half form of a girl from the waist up, suspended in mid-air. As he gazes in amusement, the other half of the girl, fully dressed from her waist down, walks across the room, and the two halves of the figure join, making a girl complete. In an amorous fashion the old man folds his arms around the girl's waist with the intention of stealing a kiss, but the girl immediately changes into an old woman, who grins in evident delight at the old man's discomfort. In great anger he throws her into the wardrobe and locks the door. Unseen by him, the woman has again become a girl. A great effect is here produced. Through the doors, which are solid and closed, the form of the girl appears through the woodwork. Hastily opening the door, the old man is then confronted by an Egyptian mummy. Other strange things happen. As the pawnbroker flies from the room a large and grotesque head arises from the smoke and slowly advances toward the spectators. Larger and larger the head grows until it fills the entire picture, and appears as though it would swallow the whole audience. A most laughable and mystifying scene."

Edison Catalog (IMDB)

lunes, 7 de septiembre de 2009

Museos, bibliotecas y ferias en las heterotopías de Foucault



Feria del Trono de París, finales del siglo XIX

"Las heterotopías están a menudo ligadas a porciones de tiempo - lo que es decir que se abren a lo que podrían clasificarse, por simetría, heterocronías (...)

Desde un punto de vista general, en una sociedad como la nuestra las heterotopías y las heterocronías se estructuran y distribuyen relativamente de manera compleja. Lo primero de todo, hay heterotopías de tiempo acumulado indefinidamente, por ejemplo, como en los museos y en las bibliotecas. Los museos y las bibliotecas se han convertido en heterotopías en los que el tiempo nunca para de construirse y revestir su propia cumbre, mientras que en el siglo XVII, incluso a finales de siglo, los museos y las bibliotecas eran la expresión de una elección individual. Por el contrario, la idea de acumular todo, de establecer una especie de archivo general, la voluntad de constituir lugares de todos los tiempos que están en sí mismos fuera del tiempo e inaccesibles a sus estragos, el proyecto de organizar de esta forma un tipo de acumulación perpetua e indefinida en un lugar inmóvil, esta idea total pertenece a nuestra modernidad. El museo y la biblioteca son heterotopías que son propias de la cultura occidental del siglo XIX.

Opuestas a estas heterotopías que están ligadas a la acumulación del tiempo, están aquellas que están ligadas, por el contrario, al tiempo en su aspecto más fugaz, transitorio y precario, el tiempo en el modo del festival. Esas heterotopías no están orientadas a lo eterno, son absolutamente temporales [crónicas]. Así, por ejemplo, están las ferias, esos maravillosos sitios vacíos a las afueras de las ciudades que se llenan una o dos veces al año con casetas, muestras, objetos heteróclitos, luchadores, mujeres serpiente, contadores de la fortuna y demás. "

Foucault, Michel: Textos/contextos. De otros espacios (1986).

sábado, 5 de septiembre de 2009

Sistema Metrópolis

El homenaje a Linneo de Mark Dion en el Museo de Historia Natural de Londres (2007)
Systema Metropolis
Fieldwork 2
A Recreated Lab with Turf Samples from the Olympic Park Development Site

viernes, 28 de agosto de 2009

Filatelia y Ellery Queen


"En la puerta del 1026, en el décimo piso, había un letrero; decía:

ULM
COMERCIANTE DE SELLOS VIEJOS Y RAROS

Ellery y el sargento Velie entraron y se encontraron en un amplio despacho. Las paredes estaban cubiertas con vitrinas que contenían infinidad de sellos. Algunas vitrinas, sobre mesas, contenían los ejemplares más valiosos. El cuarto estaba desordenado; tenía un olor a viejo, asombrosamente parecido al de la librería de Uneker.

(...)

Los hermanos le mostraron una mesa que estaba en el centro del cuarto. Sobre la mesa había una vitrina con una tapa de vidrio, encuadrado en madera. Contenía numerosos sellos alineados sobre un género negro, de raso. En el centro había una caja de cuero, abierta y vacía; de donde habían sacado el sello. En la tapa de la vitrina había cuatro marcas de golpes. La cerradura estaba rota.
- Trabajo de aficionado -dijo el sargento Velie desdeñosamente. Bastan las manos para forzar esa cerradura.
Los agudos ojos de Ellery miraban fijamente la caja de cuero.
- Señor Ulm -dijo volviéndose. El sello que usted llama "el negro de un penique" ¿estaba en esa cajita de cuero?
- Sí, Mr. Queen, pero la caja estaba cerrada cuando el ladrón forzó la vitrina.
- Entonces, ¿cómo sabía tan precisamente lo que debía robar?
Friedrich Ulm se acarició la mejilla.
- Los sellos que había en esta vitrina -explicó- no estaban en venta. Eran los mejores de nuestra colección. Cada una de ellos vale miles de dólares. Pero, naturalmente, cuando los tres hombres estaban aquí, hablamos de esos ejemplares, y yo abrí la vitrina para mostrárselos. El ladrón vio el negro de un penique. Era coleccionista, señor Queen; si no, no habría elegido ese sello. Tiene una extraña historia.
- ¡Dios mío! -dijo Ellery-, ¿estas cosas tienen historia?
Heffley, el hombre de la compañía de seguros, se rió.
- Y qué historias -exclamó. Los señores Friedrich y Albert Ulm son famosos por poseer dos valiosísimos ejemplares del mismo sello, el negro de un penique, como lo llaman los coleccionistas, es un sello británico emitido en 1840; hay muchos en el mercado, y aun los que no están franqueados, no valen menos de diecisiete dólares y medio, en dinero americano; pero los dos que poseen estos señores valen treinta mil dólares cada uno. Como usted ve, el robo es importante. Mi compañía está envuelta en el asunto, porque los sellos están asegurados en su valor.
- Treinta mil dólares -dijo Ellery-. Es bastante dinero para un pedacito de papel sucio. ¿Por qué valen tanto?
Albert Ulm, nerviosamente, se bajó sobre los ojos la visera verde.
- Porque esas dos tenían las iniciales de la Reina Victoria, de su puño y letra. Sir Rowland Hill, el hombre que inventó y fundó en Inglaterra, en 1839, el sistema standard de sellos postales, hizo emitir el negro de un penique. Su Majestad estaba tan satisfecha (Inglaterra, como otros países, se había preocupado mucho para conseguir un sistema postal que fuera conveniente) que autografió los dos primeros sellos que salieron de la imprenta y se las dio al dibujante (no recuerdo su nombre). Ese autógrafo les dio un inmenso valor. Mi hermano y yo tuvimos mucha suerte de que cayeran en nuestras manos.

(...)

- La filatelia -dijo Ellery al sargento Vellie, cuya honesta cara pareció entristecer al sonido de la palabra- es una afición curiosa. Aflige a sus víctimas como una verdadera manía. No dudo que estos coleccionistas llegarían a matarse por uno de esos ejemplares.

(...)

Encontraron a Avery Beninson en una vieja casa de piedra rojiza, cerca del Hudson; era un huésped suave y cortés.
- No, nunca vi esa invitación - dijo Beninson-. Vea, yo contraté a esos hombres que decía llamarse William Plank, para que se ocupara de mi colección y de la vasta correspondencia que tenemos todos los coleccionistas de alguna importancia. El hombre entendía de sellos. Durante dos semanas, su ayuda fue inestimable para mí. Ha de haber interceptado la invitación de los Ulm. Comprendió que tenía una oportunidad para ir a sus oficinas; fue allí, dijo que se llamaba Avery Beninson, y...
El coleccionista se encogió de hombros.
- Imagino que no era difícil para un hombres sin escrúpulos -afirmó.
- Naturalmente, ¿usted no tuvo más noticias de él desde la mañana del robo?
- Claro que no. Recogió el botín y se fue.
- ¿Y en qué lo ocupó usted, Mr. Beninson?
- En la rutina ordinaria del ayudante de un coleccionista: clasificar, catalogar, pegar los sellos en los álbumes y contestar las cartas. Vivió aquí las dos semanas que estuvo a mi servicio. -Beninson sonrió tristemente-. Soy soltero y vivo completamente solo en este caserón. Estaba feliz de su compañía, aunque era un hombre raro.
- ¿Raro?
- Siempre estaba yéndose -dijo Beninson-. No trajo casi equipaje; y ese poco desapareció hace dos días. Parecía que no le gustaba la gente. Cuando venían amigos o coleccionistas, se retiraba a su cuarto."

Ellery Queen, "Filatelia", Las aventuras de Ellery Queen (1934)

martes, 4 de agosto de 2009

El kitsch del souvenir


"Al margen de dónde hayan sido fabricados, los souvenirs prueban nuestros viajes, materializan nuestras experiencias y, finalmente, acaban por hacinarse en nuestros hogares (...) La costumbre de este objeto se remonta en el tiempo. Hasta los pueblos nómadas de la antigüedad trasladaban recuerdos tangibles de los lugares en los que acampaban temporalmente. El souvenir se remonta a los viajes religiosos que se hacían por motivos de fe, tras una promesa o como penitencia personal."

Anatxu Zabalbeascoa, "Recuerdos de Benidorm desde las salas de un museo", El País, 4 de agosto de 2009.

Exposiciones:
Souvenir, souvenir: la colección de (los) turistas. Fundación César Manrique de Lanzarote y Museo de Historia y de Antropología de Tenerife.
Efecto souvenir: fetiches de viaje más allá de los tópicos. Design Hub, Barcelona

El señor Wunderk agradece a su amiga Arianna este enlace.