domingo, 30 de mayo de 2010

Foerster Cabinets



Madeline von Foerster
Specimen Cabinet (2008)
Redwood Cabinet (2008)

viernes, 28 de mayo de 2010

La Wunderkammer de la Bienal de Sidney


Lara Baladi, Perfumes & Bazaar, The Garden of Allah, 2006 (detalle), collage digital

"Hay, también, una mirada al papel que jugamos en el planeta, enclavada en el epígrafe From Panopticom to Wunderkammer, en la que se hace visible la grieta entre lo “moderno” y lo contemporáneo. Trata Elliot de definir conceptos plenamente modernos y su validez en el mundo de hoy. En la Wunderkammer se trataba de clasificar en profundidad mientras que el panóptico metaforiza una visión simultánea de todo lo existente... Y es que el mundo mismo de las bienales no deja de ser una extensión de esas Wunderkammer en las que todo vale, como diríamos hoy, o, al menos, en las que hay espacio para todo..."

El cultural.es, "Hasta 166 artistas reflexionan sobre el concepto de distancia en la Bienal de Sidney. Comisariada por David Elliot, la XVII edición de la cita se inaugura hoy bajo el sugerente título The Beauty of Distance: Songs of Survival in a Precarious Age", 11 de mayo de 2010.


Extraído de la página web de la Bienal de Sydney comisariada por David Elliot:

From the Panopticon to the Wunderkammer explores the deep chasm between ideas of ‘modern’ and ‘contemporary’. One of the most damaging fantasies of modernity was the idea that there could be a universal view to encompass all people, phenomena and things within set categories. Many museums were founded on such convictions. This view is also made evident in the punitive institution of the Panopticon, the rationalist, Enlightenment prison in which one governor could see all the inmates in their cells from a single, fixed, authoritarian viewpoint. This approach is contrasted with the earlier, more fluid Cabinet of Curiosities, a prototype of the modern museum, which brought together disparate items from different origins as objects of delight and wonderment. In a reversal of history, this Biennale will be a contemporary Wunderkammer, allowing the audience direct experience and enjoyment of a wide range of art that is not categorised in any hierarchical way.


domingo, 2 de mayo de 2010

Casa para un coleccionista nómada


La Casa para un coleccionista nómada, que ya se pudo ver en el stand de Murcia en Arco 2010, se expone en el fantástico SOS 4.8. Obra del arquitecto Martín Lejárraga y de la artista Ana Martínez, se trata de una caravana modificada de arte mínimo con obras de pequeño formato.

Extraído de Gontzal Díez, La Verdad, 19 de febrero de 2010:

«Ser pequeños no nos impide pensar en grande, se puede hacer grandes proyectos con pequeños medios. Vivimos obsesionados por la cantidad, de dinero, de espacio o de tiempo, y hay que reivindicar la calidad, empezando por lo más pequeño», dice Lejárraga (...) Un reposo es este museo liliputiense y un tanto zíngaro que se puede abarcar de un vistazo en medio de las dimensiones, agotadoras y nada humanas, de Arco. Un espacio cómodo y hospitalario. Allí hay obra esencial de, entre otros, Charris (las estanterías y un magistral retrato de Valcárcel Medina), Sicre (una mesa de camping), Fod (una mesa), Sonia Navarro (en la tapicería de los asientos), Amondaráin, Fernando Renes, Abi Lazkoz, Manu Muniategiandikoetxea, Nico Munuera, Rosalía Banet (un corazón en la nevera), Juan Ugalde, Eugenio Merino (una figurita del vaquero Boody que caza un caballo pintado), Dis Berlin, Díaz Burgos, Chema Madoz, Cantabella o The Royal art Lodge. Hay de todo, hasta una bandera, que parece un floreado mantel (obra de Mateo Maté), «ese reducto de nacionalismo doméstico», dice el arquitecto vasco-cartagenero. También hay un tendedero con los folletos de La Naval, muy bien colgados. «Somos fans de Eugenio Merino, un tipo comprometido con el arte y sin ningún tipo de voluntad de crear polémicas gratuitas a través de sus obras», señala Lejárraga, que se define como un «apasionado por el arte». Martín Lejárraga y Ana Martínez nos reciben en el comedor de la 'roulotte'. «Cualquier espacio puede ser habitado y ser ocupado de una forma muy intensa», afirma Ana Martínez. «Es una propuesta, como arquitectos, para alguien apasionado por el arte, que viaje de feria en feria..., los coleccionistas son seres compulsivos», explica mientras saluda a Gonzalo Sicre, a Nico Munuera y a otro montón de gente que se asoma a la ventana. Un gran anfitrión es Lejárraga, aunque no nos ofrece nada para beber y ni un humilde pistacho. «Es un espacio para compartir arte y amistad», dice, y se levanta a besar a una señora. Abigarrado pero cómodo es el interior de la caravana. En el exterior ha colocado un dispensador de bolas (como los de los bares, con juguetitos y pelotas) que por dos euros ofrece una obra en papel, 'estrujada', de Javier Arce. La caravana nómada de Lejárraga permanecerá aparcada, fuera de los límites del 'stand', hasta el final de Arco y el arquitecto no descarta que siga recorriendo mundo, de feria en feria, de Basilea a Oporto y de Oporto a donde sea necesario.

La Casa para un coleccionista nómada en el SOS 4.8. Arte (Murcia):

Ellos mismos definen su estilo como gitano-chic. El proyecto consiste en la intervención de una antigua caravana, que han transformado en una casa de dimensiones reducidas, donde se pueden ver pequeñas obras de arte contemporáneo de autores como Sonia Navarro, Eduardo Cortils, José Manuel Díaz Burgos, Miguel y Manuel Rosado, Ángel Mateo Charris, César Férnandez Arias, Francisco de La Torre, Miki Leal, Nico Munuera, Rosalía Banet, Javier Arce, Carmen Cantabella, Gonzalo Sicre, Miguel Fructuoso, Eugenio Merino y FOD, entre otros (en total son cuarenta artistas). La caravana permite ir de feria en feria y compartir las piezas de arte con los visitantes que acuden.

jueves, 29 de abril de 2010

La Wunderkammer del doctor Olbricht


He aquí que hoy traemos a Le Chambre Denon el curioso caso de un médico alemán cuya familia es propietaria de la importante empresa de cosméticos WELLA y cuya pasión se ha centrado tanto en el coleccionismo de arte contemporáneo como en la creación de exposiciones que giran en torno a la idea de la Wunderkammer.

Se trata de Thomas Olbricht, un famoso endocrino y bioquímico que ha vivido y trabajado siempre en la ciudad de Essen. De hecho, su colección es de las más significativas del Volkwang Museum (y que yo tuve la suerte de ver hace ya unos cuantos años). Comenzó con cinco añitos a coleccionar sellos y luego su interés se fue decantando por los coches en miniatura, las esculturas en pequeño formato y ya en los años ochenta del siglo XX por el arte contemporáneo. Es uno de los coleccionistas más reputados del mundo y ahora se dedica en exclusiva a gestionar su colección y a comisariar exposiciones. Su obra más reciente acaba de presentarse en Berlín, una especie de museo que él prefiere considerar como un laboratorio de arte para la experimentación de ideas. Y es que su colección, formada por más de 1.700 objetos, no lo olvidemos, se ha ido construyendo a lo largo del tiempo gracias al interés de Olbricht por temas en particular que le han obsesionado en un determinado momento, siempre con el propósito de la experimentación artística a través de la confrontación de objetos de diferentes épocas. Es una manera de ver el mundo que él luego traduce en su colección y en un espacio determinado, como si fuera una isla adonde acude el visitante, como señala él mismo en la entrevista que adjuntamos al final de la entrada.

Con estas lecturas el doctor Olbricht crea sus peculiares Wunderkammern, como aquellos mismos coleccionistas de los siglos XVI y XVII que almacenaban las curiosidades que iban llegando al Viejo Mundo procedentes del Nuevo tras el descubrimiento de América. Aquellos microcosmos tenían unas características muy definidas que el mismo Olbricht trata de recrear en sus particulares "islas". En su obsesión por el coleccionismo ha recorrido un camino personal por la historia de los museos pero a la inversa. En la actualidad, ya en la tardía madurez de su vida, su interés se ha centrado en la reconstrucción del origen mismo del museo, la Wunderkammer y en las peculiares relaciones que se daban entonces entre el arte y la ciencia. Tal y como le ocurrió en los años setenta y ochenta a la museóloga italiana Adalgisa Lugli, Olbricht experimenta con el diálogo que se establece entre las obras de aquellos siglos y las de creación más reciente.

Sus colecciones están repartidas en veinte museos de todo el mundo (como en Essen o en el Weserburg) y las exposiciones por él comisariadas como Rockers Island (Essen, 2007), Go for it! (Bremen, 2008, segunda edición de Ohne Zögern) o la que se muestra ahora en Berlín siguen centrándose en la apasionante idea de una Wunderkammer postmoderna.

Estimado lector, no se pierda usted la entrevista al doctor Olbricht realizada en el año 2007:
Rockers Island

domingo, 18 de abril de 2010

Psicología y coleccionismo

Si el propósito del museo es revelar la verdad, entonces las colecciones son su objetivo. La pregunta que los museos tienen que hacerse es si sus colecciones ayudan a alcanzar ese fin. Hay tantas colecciones diferentes como coleccionistas. Pero no todas las colecciones son interesantes y pocas merecen la inclusión en un museo. Los niños suelen reunir por lo común lo que les gusta para poder comprender el mundo y para ayudarles a establecer su identidad. Puede ser una actividad privada, restringida al cuarto del niño o puede convertirse en una muestra pública y batallan con fiereza para construir mayores y mejores colecciones; a veces ambas cosas. David Attenbourough describe cómo siendo un niño de ocho años, convenció a la mujer más guapa que nunca había visto (Jacquetta Hopkins- la que, bajo su apellido de casada, Hawkes, se convirtiera más tarde en una distinguida arqueóloga) para que visitara su cuarto para ver su museo de fósiles y otras maravillas de la naturaleza. Estaba actuando más como un pájaro, captado en una de sus propias películas de naturaleza, tentando a la hembra hacia su decorado y elaborado nido.


El deseo de coleccionar puede continuar más allá de la pubertad y los motivos para ello pueden ser complejos. La esposa de William Randolph Hearst, el magnate americano de la prensa que sirvió de modelo para Ciudadano Kane, dijo que su marido coleccionaba cosas cuando su mente estaba preocupada. Si ella estaba en lo cierto, el espectacular conjunto de tesoros artísticos que reunió Hearts en su casa en San Simeon en California era en esencia un caparazón virtual para su inseguridad. Muchas colecciones de los museos están tejidas con hilos secretos de motivos personales y psicológicos que finalmente se han reunido para beneficio público y que pueden juzgarse por su éxito si cumplen con ese propósito.

Julian Spalding, The Poetic Museum, 2002.

miércoles, 31 de marzo de 2010

El pensamiento chino como ars contextualis

Foto: Denon Wunderk

"Perhaps the best designation for the most general ‘science’ of order in the Chinese tradition would be ars contextualis. ‘The art of contextualizing’ contrasts with both scientia universalis and ontologia generalis. Chinese thinkers sought the understanding of order through the artful disposition of things, a participatory process which does not presume that there are essential features, or antecedent-determining principles, serving as transcendent sources of order. The art of contextualizing seeks to understand and appreciate the manner in which particular things present-to-hand are, or may be, most harmoniously correlated. Classical Chinese thinkers located the energy of transformation and change within a world that is ziran, autogenerative or literally ‘so-of-itself’, and found the more or less harmonious interrelations among the particular things around them to be the natural condition of things, requiring no appeal to an ordering principle or agency for explanation.

The dominant Chinese understanding of the order of things advertises an important ambiguity in the notion of ‘order’ itself. The most familiar understanding of order in the West is associated with uniformity and pattern regularity. This ‘logical’ or ‘rational’ ordering is an implication of the cosmological assumptions which characterize the logos of a cosmos in terms of causal laws and formal patterns. A second sense of order is characterized by concrete particularities whose uniqueness is essential to the order itself. No final unity is possible in this view since, were this so, the order of the whole would dominate the order of the parts, cancelling the uniqueness of its constituent particulars. Thus, ‘aesthetic’ order is ultimately acosmological in the sense that no single order dominates.

The crucial difference between these two senses of order is that in the one case there is the presumption of an objective standard which one perforce must instantiate; in the other, there is no source of order other than the agency of the elements comprising the order. In the West, mathematical order has been thought the purest. In China, by contrast, any notion of order which abstracts from the concrete details of this-worldly existence has been seen as moving in a direction of decreasing relevance. Rational order depends upon the belief in a single-ordered world, a cosmos; aesthetic order speaks of the world in much less unitary terms. In China, the ‘cosmos’ is simply ‘the ten thousand things’. The belief that the things of nature may be ordered in any number of ways is the basis of philosophical thinking as ars contextualis.

Each of these understandings of order existed at the beginnings of both Western and Chinese cultures, and both have persisted as interpretative options within them. It so happens that in the course of their respective histories, the two cultures made distinctly different choices which led to the variant senses of order as grounds for the organizing of personal, social and cosmic environs. These differing senses of order are reflected in the fact that the nineteenth-century Japanese had to coin the term tetsugaku (philosophy) to translate the Western philosophic tradition and to recover its Japanese counterpart, and that this same expression was soon thereafter imported into China as zhexue for the same purpose. The need to invent a term to refer to ‘philosophy’ suggests at least that these cultures had to reorganize patterns of indigenous intellectual experience in ways previously unfamiliar to them."

Hall, David L.; Roger T. Ames (1998) "Chinese philosophy". En Craig, E. (ed.), Routledge Encyclopedia of Philosophy. London: Routledge.

sábado, 27 de marzo de 2010

El vocabulario de la memoria



"En japonés la palabra kinen cubre la mayor parte del significado de la palabra inglesa memorial - memoria en su contexto físico como objeto conmemorativo. Significa recuerdo en un contexto pero tiene un significado más profundo cuando se aplica a eventos importantes de la vida. Por lo tanto es una bagatela, también una placa conmemorativa, un regalo o un árbol que se planta para marcar un evento crucial. Como aquí nos preocupa el lugar de los objetos en la construcción de la memoria, éste es el término que parece más legible al discutir la cultura japonsa. Pero en japonés hay un rango de términos alternativos con sus propios matices y sutilezas. Omiyage, literalmente "productos locales", también se refiere al souvenir que se trae de un viaje, a menudo como regalo para aquellos que quedan atrás. Kioku es un término utilizado más familiarmente y asociado con los sistemas mnemónicos y la memoria artificial; omoide se refiere a las memorias o recolecciones de la infancia; tsuiso o tsuioku tiene el sentido de retrospección, de una ocurrencia o reminiscencia; tsuito se refiere a duelo y a la escritura o poemas in memoriam; mientras que una palabra con una etimología más antigua, tsuizen, se refiere a un ritual memorial, que en la cultura cristiana podría llamarse misa o requiem."

John Mack, The Museum of the Mind (2003)