martes, 4 de agosto de 2009

Qué se mira en los museos


"At Louvre, Many Stop to Snap but Few Stay to Focus


Michael Kimmelman, New York Times, 3 agosto 2009.

El señor Wunderk agradece a su amiga Marina este enlace.

sábado, 1 de agosto de 2009

Un americano en el Louvre

Giuseppe Castiglionne
Salon Carré, 1865


“Un radiante día de mayo, en el año 1868, un caballero se hallaba cómodamente recostado en el gran diván circular que por aquellos tiempos ocupaba la parte central del Salón Carré, en el Museo del Louvre. Esta conveniente otomana ya no está allí, para inmerso desconsuelo de todos los amantes de las bellas artes que tienen las rodillas débiles; pero el caballero en cuestión había tomado serena posesión de su punto más mullido y, con la cabeza inclinada hacia atrás y las piernas estiradas, contemplaba la bella Madonna de la luna, de Murillo, en profundo disfrute de su postura. Se había quitado el sombrero, y a su lado había dejado una pequeña guía roja y unos gemelos (…).

Había ido en busca de todos los cuadros que venían acompañados de un asterisco en las formidables páginas, de refinada impresión, de su Bädeker; había hecho un sobreesfuerzo de atención y los ojos se le habían ofuscado, y había tomado asiento con una jaqueca estética. Además, no sólo había mirado los cuadros, sino también todas las copias que se desarrollaban en torno a ellos a manos de las innumerables jóvenes de intachable compostura que se dedican, en Francia a la difusión de las obras maestras; y, a decir verdad, con frecuencia había admirado la copia mucho más que el original. Su fisonomía habría bastado para indicar que era un tipo sagaz y competente, y lo cierto era que con frecuencia se había quedado toda la noche frente a un enojoso fardo de cuentas, oyendo el canto del gallo sin un solo bostezo. Pero Rafael, Ticiano y Rubens constituían una nueva especie de aritmética, y a nuestro amigo le infundían, por primera vez en su vida, una vaga falta de confianza en sí mismo.”

Henry James, El americano, 1876-77

sábado, 25 de julio de 2009

Kaiser Friedrich Museum



"El Museo Kaiser Friedrich es un gran edificio triangular, imitación del barroco, construido en la punta de una isla del río Spree, exactamente en medio de Berlín.

Yo no quería ir allí aquella tarde, prefería ia a Neukölln y trabajar en el estudio de Fritz Falke, pero Christoph Keith insistió.

- De ningún modo, tienes que verlo... una de las mejores colecciones del mundo...

No sólo eso. Además, lo más importante era que me encontrara en la galería de pintura del segundo piso, Sección Primitivos Holandeses, Gabinete 68, a las cuatro.

- Es por la luz del sol sobre los cuadros. Te parecerá un lugar muy agradable, Peter. Por favor, tienes que estar allí a esa hora.

Por lo tanto, fui. Me detuve en una librería, compré una guía Baedeker de Berlín, como cualquier otro turista y, sirviéndome de los excelentes mapas, partí del Gendarmenmarkt, atravesé el centro de la ciudad, bajé por Unter den Linden y crucé el amplio puente hacia la isla ocupada por el Palacio del Kaiser, la Catedral y un museo tras otro.

El sol arrojaba destellos cegadores en el agua del canal, los castaños estaban en flor y, pese al café y a la tarta de fresas, mis nervios aún vibraban gracias al Mosela. Mientras contemplaba una larga y negra embarcación que pasaba a mi lado, me percaté súbitamente de que casi me sentía como en mi casa en aquella extraña y complicada ciudad, sensación que nunca había experimentado en París.

Obviamente, Herr Baedeker coincidía con Christoph Keith en su opinión sobre el Museo del Kaiser Friedrich: dedicaba veintiséis páginas de apretada tipografía y muchos diagramas a su contenido, y dieciocho de esas páginas se ocupaban exclusivamente de las colecciones de la Galería de Pintura.

Había oído decir que a los novelistas no les gusta leer novelas porque automáticamente tratan de resolver los problemas de otro escritor, de tal modo que, para ellos, la lectura se convierte en un trabajo en vez de ser un descano. Lo mismo puede decirse de los pintores. Por supuesto, todavía paso horas y horas en el Museo Fogg, en Fenway Court, en nuestros museos de Filadelfia, en el Louvre y en el Jeu de Paume; pero me lleva largo tiempo decidirme a ir a ver un cuadro en particular. Aquella tarde de primavera de 1922 hice una lenta lectura de las dieciocho páginas de la guía Baedeker.

En realidad, olvidé todo acerca del Gabinete 68: todavía me encontraba en el Gabinete 67, observando el Albrecth Dürer ** 557e. Hieronymus Holzschuher, patricio y senador de Nuremberg, el más sutil de los retratos de Durero, pintado en 1526 (adquirido en 1884 por 17.500 l.) cuando una voz a mi lado murmuró:

- ¡Qué estudiante tan serio de la pintura alemana!

Respirando una nube de perfume, me volví y me encontré ante Helena... y Lilí von Waldstein, las dos riendo tontamente."

Arthur R.G. Solmssen, Una princesa en Berlín, 1980.


sábado, 13 de junio de 2009

Donde el señor Wunderk recomienda encarecidamente una visita




Carta dirigida a los pacientes e inexistentes lectores de esta bitácora.

Estimados lectores:
No dejen ustedes de visitar un ilustre museo, el Museo de los Vestigios Insólitos. Toda una maravilla plena de maravillas. Una pura Wunderkammer impura.

Un cordial saludo,
Denon Wunderk

Imágenes seleccionadas:
1. Hay gustos que merecen palos
2. Una imagen vale por mil palabras
3. Medallón pétreo inciso

lunes, 18 de mayo de 2009

Día de los museos


Hoy, 18 de mayo, es el día internacional del museo. Una institución amada y denostada desde su misma creación a finales del siglo XVIII. Al menos del museo moderno tal y como hoy nos ha llegado hasta nuestros días.

Museo proviene del latín museum y del griego mouseion y su acepción originaria era casa o templo de las musas, las nueve divinidades protectoras de las artes, hijas de Mnemosyne, la memoria. Se les suele representar junto al dios Apolo, danzando en círculo, a su alrededor, de ahí que desde el punto de vista arquitectónico el templo donde se les da culto tenga planta circular. Todavía hoy los grandes museos tienen una rotonda central, en recuerdo de ese sentido primigenio, aunque también estén inspirados en el mítico Panteón romano. Así lo tuvieron en cuenta los grandes arquitectos del neoclasicismo, desde el mismo Villanueva en el Prado (aunque la rotonda quede en un lateral), hasta Camporesi en el Vaticano o el gran Schinkel en Berlín.

También en la Antigüedad la palabra museo se utilizó para denominar al mítico Mouseion de Alejandría, una gran universitas donde se reunieron los grandes sabios, así como todo el saber. Todavía no se utilizaba el término para denominar aquel lugar donde se conservaran o expusiesen colecciones.

Incluso en el Renacimiento todavía se utilizaba el término para asignar a una reunión de sabios presidida por las musas como protectoras de las artes que facilitasen la inspiración. Aunque por fin comenzó a utilizarse con la acepción actual, como ocurrió con el Museo Mediceo o el del humanista Paolo Giovio. También quedaba ligado a la memoria: un lugar de conmemoración de hechos o personajes ilustres, como el espectacular museo proyectado en el XVIII por el francés Boullée.

En realidad, el museo moderno es la suma de dos conceptos: el museo ilustrado o de la razón, que nace para poner a disposición del público una colección privada, y el museo revolucionario o de la culpa, el que surgen tras hechos vandálicos o desamortizaciones, para dar lugar a un patrimonio descontextualizado.

Aún así, las musas siguen estando presente en la raíz misma de los museos.

¡Feliz día de los museos!

domingo, 17 de mayo de 2009

La Victoria de Samotracia ha sido derrotada


"Nos preguntábamos la semana pasada si podemos llamar Victoria de Samotracia a la escultura del mismo nombre que están en el Louvre en medio de un río de turistas, que se impiden unos a otros contemplar su abrumadora belleza con sosiego y en silencio. Si no la habíamos destruido entre todos. Como vimos, muchos de aquellos turistas ni siquiera se moletaban en levanar los ojos y pasaban de largo, mientras otros se contentaban con fotografiarse junto a ella, obteniendo la prueba de que estuvieran allí.

En realidad todos ellos parecían haber ido únicamente a rozarse con un ídolo sagrado. Necesitaban impregnarse en su aura de icono. Se viene diciendo desde hace décadas: los museos ocupan el lugar reservado antiguamente a las catedrales, y han heredado de la religión su prestigio y el de sus tesoros. Los mercaderes, sensibles al oro, al incienso y a la mirra, se han instalado en ellos en cuanto han podido. ¿No nos lo recuerdan todas esas tiendas de catálogos y suvenires que el visitante tiene que cruzar antes de dejar definitivamente cualquiera de los museos modernos, a menudo todavía más congestionadas de gente que sus propias salas? Cuánto nos escandalizamos algunos hace años al saber que en su visita al Museo del Prado, Andy Warhol no había pasado de la tienda de postales. Cuánto lo incomprendimos. Hoy sin embargo vemos que fue el único sincero al confesar que o necesitaba en absluto del arte, y por esa razón lamentamos que su ejemplo no haya cundido lo bastante entre cuantos siguen yendo a los museos del mundo sin tener tampoco una necesidad mayor de visitarlos, pudiendo dejarlos a disposición de quienes sí parecen tener alguna razón de peso para hacerlo.

La gente común, al contrario que Warhol, no puede permitirse ser snob, sin embargo, porque no le dispensan el glamur que a él le dispensaron ni tiene el dinero que tuvo él, y necesita, sobre todo, algo en lo que creer. Dios ha muerto, pero le ha sustituido la cultura, y por esa razón podemos decir también: la cultura es hoy el opio del pueblo. Puede que, como ocurría hace siglos con Dios, la gente común no crea tampoco en la cultura, pero cree, desde luego, en el oro, el incienso y la mirra, y acude a buscarlos a los museos, y a rozarse con ellos y, a ser posible, a inhalar sus emanaciones y estupefactarse con ellas.

Hay quienes piensas que áun estamos a tiempo de salvar nuestros nuevos dioses antes de convertirlos en ídolos. No sólo porque la contaminación de una sobreexposición reiterada pueda acabar con ellos (ocurrió con las cuevas de Altamira, felizmente cerradas al público). Es más peligrosa aún la sobreexposición de la banalización, que acaba convirtiendo a Van Goghen una camiseta, a Mozart en una sintonía de móvil y a Venecia en un destino masivo para recién casados de todo el mundo que suelen tener allí, como consecuencia del frenético ambiente callejero y de los precios, su primera disputa conyugal. Fue difícil llenar los museos de visitantes, pero más difícil va a ser aún vaciarlos de ellos, lo que deberá ocurrir antes de que la Victoria de Samotracia se convierta en el Pato Donald, como quería el resentimiento de Warhol."

Andrés Trapiello, "La Victoria de Samotracia ha sido derrotada (II)", Magazine, 17 de mayo de 2009.

martes, 5 de mayo de 2009

Toda la memoria del mundo


"Confronted with these bulging repositories, man is assailed by a fear of being engulfed by this mass of words. To ensure his liberty, he builds fortresses. In Paris, words are imprisoned in the Bibliothèque Nationale. Everything printed in France can be found here..."

Alain Resnais, Toute la mémoire du monde (1956)
Música: Maurice Jarre.