domingo, 7 de marzo de 2010

Nabokov y la lepidoptología


"He cazado mariposas en diversos climas y con distintos disfraces: como guapo niño con pantalones cortos y gorra de marinero, como larguirucho expatriado cosmopolita con pantalones anchos de franela y boina; como gordo anciano de calzón corto y cabeza descubierta.

En un camino que se elevaba sobre el Mar Negro, en la península de Crimea, y entre matorrales de flores que parecían de cera, en marzo de 1918, un estevado centinela bolchevique intentó arrestarme por haberle hecho señales (con mi cazamariposas, dijo) a un buque de la Armada británica. En verano de 1929, cada vez que atravesaba andando un pueblo del Pirineo oriental, y volvía casualmente la cabeza, veía detrás de mí a los campesinos congelados en las diversas poses en las que mi paso les había encontrado, como si yo fuese Sodoma y ellos la mujer de Lot. Un decenio después, en los Alpes marítimos, noté una vez que la hierba se ondulaba de forma serpentina a mi espalda, porque un gordo policía rural se arrastraba sobre su barriga tras de mí para asegurarse de que no intentaba cazar pajarillos. Norteamérica me ha mostrado más ejemplos incluso que otros países de este interés morboso por mis actividades rederas, quizá porque cuando llegué aquí ya era cuarentón, y cuanto más viejo sea el cazador de mariposas, más ridículo parece con un cazamariposas en la mano. Severos granjeros me han señalado los carteles que decían PROHIBIDO PESCAR; desde los coches que pasaban por la carretera me han lanzado aullidos de burla; perros adormilados que hacían caso omiso hasta de los vagabundos de peor aspecto se han reanimado para acercárseme gruñendo; diminutos críos me han señalado con el dedo a sus desconcertadas mamás; veranenantes de mentalidad tolerante me han preguntado si cazaba chinches para usarlas como cebo; y una mañana, en un erial iluminado por altas yucas en flor, cerca de Santa Fe, una enorme yegua negra estuvo siguiéndome casi dos kilómetros. (...)

Pocas cosas he conocido, en el terreno de la emoción o de los apetitos, de la ambición o del logro, que puedan superar en riqueza e intesidad la excitación del explorador entomológico."

Vladimir Navokov, Habla, memoria.

Exposición "El cazamariposas Vladimir Nabokov" tuvo lugar en el Museo Nabokov de San Petersburgo.

jueves, 25 de febrero de 2010

El museo como espacio para negocios


Hoy en la Facultad me he topado con el periódico El Economista en su edición de 25 de febrero de 2010. Me ha chocado el siguiente artículo: "¿Karaoke, campo de golf o museo? Elija el mejor lugar para hacer negocios". Está firmado por María Dominguez y el apartado específico dedicado al museo dice así:

Un soplo de cultura
Por su parte, Leo Farachi, socio fundador de la asesoría Marketing Mascuota (www.mascuota.com) confía en las pinacotecas: "En una ocasión llevé un cliente potencial a una exposición de Francis Bacon en el Museo del Prado. Mientras recorríamos la muestra íbamos hablando. Hay que saber aprovechar la capacidad de seducción de contextos como éste, que al estar fuera del terreno profesional no generan en él una actitud de defensa y que, además, son originales". Por no hablar de que salen más baratos que una invitación a cenar.

Para amantes del arte
Llevarse a un aficionado al arte a visitar una buena exposición es una forma de descolocarlo y de vencer su resistencia. Se trata de un entorno original muy alejado del estrés del despacho. Buena parte del éxito de la negociación depende de la química entre las partes y compartir un "hobby" facilita la empatía.

Así pues, aquí tenemos otra nueva acepción del museo, en este caso como espacio para cerrar un negocio... Eso sí, ¿será mejor que un karaoke?

sábado, 16 de enero de 2010

La Wunderkammer del Jazz



La música de la Wunderkammer de Michael Wollny:

Musical boxes, player pianos and cuckoo clocks all ask the same question. We can open them up, expose their interior and yet we can’t help suspecting some sort of hidden agency residing in the clockwork. With the insistency of automata they sing to us of the same mystery that lies hidden in the phonograph, the gramophone, the tape recorder and the iPod. The magic and the fear of unknown identities - like shadows of ourselves – walking the world of their own reiterative accords.

Erik Bünger

Wunderkammer Graz





Wunderkammer Graz

Wunderkammer Play

sábado, 28 de noviembre de 2009

Para el hombre ciego en la habitación oscura



Para el hombre ciego en la habitación oscura que mira el gato negro que no está allí

Comisariada por Anthony Huberman en el Contemporary Art Museum de St. Louis, la exposición explora la naturaleza especulativa del conocimiento e insiste en la importancia de la curiosidad y las cosas que no sabemos. Ordenada a partir de la premisa de que el mundo -y el arte- no es un código que necesite descifrarse, las obras en el centro expositivo y sobre la infructuosidad del no-saber, no-aprender y la confusión productiva. David Hullfish Bailey, Marcel Broodthaers, Hans-Peter Feldmann, Fischli & Weiss, Rachel Harrison, Giorgio Morandi, Matt Mullican, Rosalind Nashashibi & Lucy Skaer, Frances Stark, Rosemarie Trockel y otros presentan explicaciones que traviesamente no explican. Celebra nuestra habilidad de perderse y las historias que usamos para encontrar el camino en la oscuridad.

For the blind man in the dark room looking for the black cat that isn't there: Perception is given close study in this elegant exhibit of work by an international (and historically broad) cast of artists. Positing itself in the Socratic tradition of inquiry limned only by endless discussion, the exhibit proposes that art, at best, is a speculative rather than declarative industry. In an audio piece, Marcel Broodthaers seeks answers to the hard questions of art's worth and purpose from a cat, who responds simply and perhaps wisely: meow. Coffee grounds are divined for larger meaning in a video by Ayse Erkmen (though the deepest wisdom seems to come from the mute chow dog, calmly surveying the chatty humans in his company). The meticulous and obsessive study of objects in themselves, in Giorgio Morandi's inimitable painted still lifes, appear twice and feel like hinge lines in the exhibit's extended villanelle. And the thousand and one drawn charts by Matt Mullican parsing birth, life and death like a mathematical equation — proliferate with the promise of solutions, albeit eternally elided. Antiquity flashes in a video of the Metropolitan Museum's Greek and Roman wing after dark, and the Renaissance Wunderkammer makes a requisite appearance in the form of an etching — suggesting at once the complementary truths of historical return and non-linearity. One leaves this exhibit — lightly, eruditely and playfully curated by Anthony Huberman — with a fresh faith in art's philosophical capacity and essential mystery. Through January 3, 2010, at the Contemporary Art Museum St. Louis, 3750 Washington Boulevard; 314-535-4660.

jueves, 12 de noviembre de 2009

El lugar de la no-elección


Joseph Cornell, Sin título (Farmacia) 1942
Venecia, Colección Peggy Guggengeim


"L'idea di frammento comporta come necesario corollario quella di catalogo, di elenco, di accumulo, prima ancora che di ordinamento o di selezione. L'automatismo surrealista, il suo voler sottrarre la mente creativa al filtro della ragione, dà un grosso contributo in questo senso. L'opera diventa il luogo dell'accumulo, della concentrazione e della stratificazione. Sembra paradossale ma la raccolta è per sua stessa natura luogo della non-scelta. Si mette da parte ciò che può servire in un futuro ipotetico."

Adalgisa Lugli, Le stanze delle meraviglie, Wunderkammern, 1997.